Embarazo


Perfil de la paciente:


  • Rachel, 27 años
  • Casada
  • Embarazada de 30 semanas
  • Trabaja a jornada completa

Cuando supe que estaba embarazada, me entusiasmé. Compramos todos los libros sobre el tema y me aseguré de tomar mi suplemento vitamínico para el embarazo de forma regular. Pero cuando comenzaron las náuseas me sentí muy mal. Fingir que todo era normal en el trabajo resultaba agotador. En mi primera visita a la matrona me extrajeron sangre para comprobar mi hemoglobina en busca de anemia y hacer algunos análisis del bebé. A pesar de que no sufría anemia me dijeron que algunos niveles estaban y que debía intentar obtener más hierro de la dieta. Tras unas semanas, las náuseas desaparecieron y comencé a sentirme mejor y a disfrutar del crecimiento de mi barriga.

Como me sentía bien y estaba ocupada planificando la llegada del bebé no siempre me tomaba mi suplemento, pero pensé que no importaba mucho. Al poco tiempo empecé a sentirme más cansada. Se lo achaqué al embarazo e intenté descansar al máximo pero nunca era suficiente. Me resultaba complicado concentrarme en el trabajo, pero la gente bromeaba sobre el «cerebro de una embarazada», por lo que pensé que era normal sentirse así. Para mantener el control, intenté ser más organizada y escribir muchas listas. Quería ver a mis amigos lo máximo posible antes del nacimiento del bebé, pero tras acabar la jornada laboral solo quería volver a casa y poner las piernas en alto.

Durante mi siguiente reconocimiento mencioné que estaba agotada y la matrona volvió a comprobar mi hemoglobina. Sufría anemia, lo que aparentemente es muy común entre las embarazadas. Dado que era muy probable que la anemia se debiese a una falta de hierro, ahora estoy en tratamiento para la anemia ferropénica. El tratamiento me ha ayudado mucho y ahora soy más productiva en el trabajo y no me siento agotada todo el tiempo. Vuelvo a estar entusiasmada por la llegada del bebé y tengo energía para planificar todo lo que necesitará.